Comparte tu don es un derecho.

Cada una de nosotras la vida le ha otorgado un talento único que cuando sirve de verdad, transforma el mundo físico en uno de pura luz.

Hablo a menudo con pacientes, alumnas, amigas, conocidas y hay un porcentaje sorprendentemente alto de ellas que, simplemente, no pueden imaginar cuál es su don. Esto no es necesariamente tu carrera profesional, sino más bien alguna pasión que hay en tu interior que está deseando ansiosamente ser expresada. Muchas mujeres buscan este

don como si fuera algún misterio oculto. En muchos casos se trata de algo que, es tan obvio que se pasa por alto.

¿Cuáles eran tus aficiones e intereses cuando eras niña?

A mí de pequeña me encantaba la danza, dibujar, escribir, la música y el silencio. Tanto de pequeña como en la adolescencia me gustaba estar sola y tatarear música que me inventaba, al igual que bailarla; más tarde en la adolescencia escribía cuentos y poesía a la que convertía en pequeñas canciones o representaciones. Entonces no sabía que más tarde la creatividad seria una parte muy importante en mi vida.

A una amiga mía le encantaba a los 7 años entrevistar a la gente y grabarla en la escuela; ahora es periodista.

Si no puedes recordar como pasabas los ratos libres de pequeña pregunta a tus padres o hermanos/as. Cuando éramos niñas no había nada que nos impidiese expresar nuestra verdadera naturaleza. Estas pasiones infantiles forman definitivamente parte del don que tenemos para ofrecerle al mundo.

No sabes lo que eres capaz de hacer, o quién eres en tu sentido más pleno o que poderes se ocultan en tu interior. Todos existen dentro del vacío de tu potencialidad, un lugar que no se ve, que no tiene gusto ni tacto. ¿Cómo sacar a la luz esos poderes? Bien sigue a lo que te atrae, tu pasión. La actividad atrayente te arrastra a la existencia, del mismo modo en que arrastra a la existencia a las estrellas.

¿Qué paso con aquel sueño infantil de aprender a tocar el arpa? Nuestra mente racional nos regaña para que pensemos: “Claro, eso es fantástico, pero ¿Quién pagará el alquiler? O alguna voz desagradable nos dice en tono brusco: “¿Y qué más?, tienes 51 años” ¿Es que te has vuelto loca?” Nuestra mente nos convence de que si no podemos alcanzar el nivel de una arpista remunerada profesional en muy pocos años deberíamos renunciar completamente a la idea. Lo que, sin embargo, no podemos calibrar es como podría el hecho de tocar música con un arpa sanar algo muy profundo dentro de nosotras permitiéndonos llevar una vida más satisfactoria.

Sea lo que quieras hacer, o sueñes en poder hacer, empiézalo….la audacia contiene genio, poder y magia.
Pregúntate:
¿A qué jugabas de niña?
¿Alguno de estos “juegos” sigue tocando tu parte más sensible? ¿Podrían constituir tu don a aportar al mundo?
Si no empleas tus dones estos se pueden atrofiar.

Hay mujeres que siguen siendo incapaces de compartir su don porque su continuo sufrimiento bloquea su capacidad. Cuentan que primero tienen que poner en orden su propia vida. Sea como sea parece que algunas sufren por puro hábito. Han basado (consciente o inconscientemente) su propia identidad con el papel de víctima. A veces se obtienen compensaciones del hecho de aferrarse a pequeños y débiles patrones. Tenemos una excusa para no brillar de verdad. No tenemos que responsabilizarnos del mundo cuando nos pasamos todo el tiempo con dolor emocional. Muchas de estas mujeres hace ya tiempo que sanaron sus heridas, simplemente no se han redefinido a sí mismas. Ya que siguen estancadas en una vieja identidad, obsoleta.

Necesitamos dejar de identificarnos con nuestros problemas y ser capaces de ver más allá de la cortina del sufrimiento ya que entonces nos daremos cuenta de que hay otros con problemas mayores a los nuestros.

Ayudando nos ayudaremos a nosotras mismas.

Rosa Puerto