El oido como crisol y sus misterios.

Soltar intencionadamente un sonido ordinario en el crisol de una oreja y emanaran respuestas extraordinarias: impresiones sensuales, brebajes imaginables, sensaciones físicas, e incluso recuerdos biográficos. Escucho un fragmento de un cuerno silenciado de Miles Davis en un CD y de repente hago una regresión espontánea. Tengo nueve años de edad, me inclino sobre la mesa de billar de mis tíos mientras Miles Davis habla un idioma medio familiar para mí. Su música  evoca en mi  una vida futura. El Sonido borra  el tiempo.

Pero, ¿trabaja la magia del sonido sola? Quizás es más exacto decir que las cosas inexplicables ocurren cuando el mundo  del sonido aterriza en el útero de la escucha. El sonido se convierte principalmente en sugerente cuando la escucha se convierte en activa. Sin el componente humano y sin ese ser humano dedicado a la escucha, simplemente hay ondulaciones en las ondas. El árbol proverbial cae en el bosque y perturba el aire. Nada se escucha sin un mamífero, o un animal, interpretando el sonido.

Sin embargo, los milagros y las maravillas se producen cuando se pasa gradualmente de una audición reflexiva a la receptividad activa. Al instante, todas las heridas que hemos sufrido, todas las maravillas que nos hemos encontrado, y toda la programación de la historia de la humanidad  y sus centros auditivos del cerebro, trae una interpretación única de las palabras, los sonidos, la música y el ruido.

Para una persona, el sonido de una campana puede evoca recuerdos reconfortantes de la escuela rural a la que asistió. Otro oyente se conectara con ese mismo sonido metálico a recuerdos perturbadores de su infancia en un orfanato rumano. El sonido es parte de nuestras historias.

¿Qué pasa cuando la llamada pensativa de una cabra o los acordes de una balada melancólica nos invade? A veces, las divisiones entre objeto y sujeto, pasado y presente, ser humano o no humana, interior y exterior, de manera gradual o sin esfuerzo se disuelven. El sonido nos entra, en estos casos. De repente, el oyente se asemeja a un practicante de  meditación. Como si la promulgación de un Zen de la escucha, el individuo se cierra a las distracciones y desconecta de la información superflua.

Me dejo caer en un tipo de escucha como en trance (empática) mientras una conocida me habla que su perro se murió en sus brazos. Entro en una versión diferente de la escucha en trance (hipnótico) cuando  un maestro percusionista enseña a los participantes en el taller a concentrarse en cada ‘dum’ y ‘tak’ de su tambor. Tanto los trances cortos y prolongados transpiran a diario. Comúnmente, nuestra conciencia se ajusta a una atención aguda cuando se detecta un nivel de hablar, cantar, o sonar que brota de un espacio memorable, inusual, o imaginativo. En esos momentos, escuchamos con curiosidad, agudamente, o con entusiasmo.

El estado de conciencia que surge de la escucha activa requiere dos ingredientes principales: la abstracción y absorción. Como oyentes, experimentamos la abstracción cuando nuestra atención receptiva se estrecha, como la lente de una cámara. Nos centramos en lo que es más importante o, en algunos casos, lo que es más predominante. La abstracción aquí significa que ignoramos sonidos extraños que interfieren con lo que es central, en lo que nos centramos. Cuando estoy perdida en los armónicos producidos por mi tambura, puedo permanecer ajena al movil sonando en el bolsillo de mi abrigo.

Como oyentes, experimentamos la absorción cuando llegamos a estar intensamente preocupados con los sonidos que oímos. Nuestra conciencia puede inundarse con detalles acerca de un sonido en particular o nuestras emociones podrían quedar inundadas por sentimientos y memorias asociativas. Por ejemplo me salgo repentinamente del autobus en una tarde soleada a llorar incontrolablemente mientras que una estación de radio difunde un Nocturno de Chopin. La música me recuerda a una de mis mejores amigas fallecida que le encantaba esta pieza. Estoy completamente absorta en la música y la memoria.

¿Cómo es que cada uno de nosotros conseguimos estados no ordinarios de conciencia cuando oímos palabras significativas, ruidos inesperados, o música fascinante? Esto es lo que sabemos: cuando transtornos invisibles en el aire aterrizan en nuestro oído, pueden  atontar, dejarnos de piedra o también conmovernos. Entender nuestras reacciones ante el sonido revela mucho acerca de la vida de nuestra alma – con lo que nos conectamos, o con lo que somos ambivalentes , a lo que emocionalmente reaccionamos, o lo que no se dice.

Una mujer camina por una calle de barrio, perdida en sus pensamientos. Ella va a la deriva, sin prestar atención al zumbido de los insectos, a la risa de los niños, o un estéreo de automóvil  emitiendo una música de tambor y bajo. De pronto, el golpe de una puerta del porche capta su atención. En el instante en que deja de ser un receptor inconsciente del sonido, ella se transforma en una oyente intencional. La percepción se vuelve no sólo activa en ese momento, sino también selectiva. Tal como lo estamos considerando, este modo de escucha profunda, consiste en aislar los sonidos que son más significativos y  reducirlo a cero de forma selectiva. Cuando mayor energía ponemos en incluir sonidos preferidos y excluir los irrelevantes, más profundo es el trance. Cuanto más contenido/sentimiento se evoca en respuesta a un sonido, más profundo es el trance.

Los estados en trance de escucha a menudo ocurren en ambientes naturales. Aquí el horizonte acústico (hasta donde podemos oír) es más generoso. Los sonidos sutiles pueden existir, a pesar del rugido de olas o vientos repentinos. Aislar el canto de un pájaro y concentrarnos sobre el se hace mucho más fácil.

Es casi primavera. Estoy en el pirineo. Me paro cerca de dos conejos que se alimentan en la oscuridad. Un chirrido de unos pájaros por encima. Un lago cercano inhala y exhala. Miro las orejas de una vaca en el prado que se contraen y se vuelven, teniendo en el paisaje sonoro natural. ¡Un chasquido! Algo cruje. Un cervatíllo esta erecto, oyendo y explorando. Todos sus sentidos se unen en un organismo perceptivo. Todo su cuerpo no sólo está a la escucha, sino también siente.

Rosa Puerto