La depresión

¿Tu primer tratamiento para la depresión no ha funcionado? ¿Sientes que no hay salida y que nada volverá a ser como antes? ¿Estás a punto de dejarte vencer por la depresión?

Respira profundo, cálmate y prepárate para volver a dar batalla porque el hecho de que el primer tratamiento para la depresión no haya funcionado no significa que debas darte por vencido. De hecho, se estima que aproximadamente el 50% de las personas que padecen un cuadro depresivo no logran resolver el problema a la primera.

¿Por qué el tratamiento no ha dado los frutos esperados?

Existen diferentes razones por las que el primer tratamiento para la depresión puede fracasar. Por ejemplo, si junto a los antidepresivos estabas consumiendo esteroides u hormonas, cuya acción suele disminuir la eficacia de los medicamentos para la depresión o incluso llegar a anular por completo su acción. Una simple copa de vino también puede interactuar con los medicamentos y reducir su eficacia. También se conoce que el estrés y los problemas de sueño afectan la recuperación.

No obstante, la mayoría de los tratamientos para la depresión fracasan porque no se produce la adhesión terapéutica. Es decir, la persona olvida tomar los medicamentos o los abandona porque le teme a los efectos secundarios. La adhesión a la terapia psicológica también suele ser un problema ya que muchas personas abandonan después de las primeras sesiones al no obtener los resultados que esperaban.

No podemos olvidar el hecho de que las primeras semanas del tratamiento, ya sea medicamentoso o psicológico, implican un proceso de adaptación. A menudo el psiquiatra o psicólogo va probando diferentes métodos hasta encontrar el más adecuado para la persona.

¿Cómo fomentar la adherencia terapéutica?

Si te vas a dar una segunda oportunidad y decides emprender de nuevo un tratamiento para la depresión, es importante que tengas en cuenta estos aspectos, que no son una garantía de éxito al 100% pero te ayudarán a lo largo del proceso.

1. Participa activamente en el tratamiento

Muchas personas acuden al psicólogo o psicoterapeuta esperando que este tenga una fórmula mágica pero en realidad, no hay nadie mejor que tú para saber lo que necesitas. Puedes informarte y decidir si quieres seguir una terapia conductual o pedirle ayuda a un psicoanalista, si quieres recurrir a los fármacos o a las terapias alternativas.

El que elijas te dará orientaciones sobre cuál es el mejor camino a seguir pero es importante que participes activamente en la elección ya que eres tú quien tiene la última palabra. Recuerda que mientras más personalizada sea la estrategia, más probabilidades habrá de que funcione.

2. Plantéate metas para cada etapa del tratamiento

El tratamiento tiene un objetivo final pero transcurre a lo largo de diferentes etapas. A menudo, cuando nos centramos solo en la meta, nos desmotivamos a lo largo del camino y abandonamos. Por eso es conveniente que hables con tu terapeuta y le pidas ayuda para plantearte objetivos a corto plazo que puedas alcanzar y te demuestren que estás avanzando.

También es conveniente que negociés el objetivo final: ¿Solo quieres reducir los síntomas o pretendes lograr algunos cambios trascendentales en tu vida? ¿Te interesa fortalecer además tu autoestima o solo quieres apropiarte de algunas técnicas a las cuales recurrir en los momentos más oscuros?

3. Asume que los resultados tardarán

El tratamiento de la depresión suele ser largo, los resultados no llegan de un día para otro sino que se requiere mucho esfuerzo y dedicación. Incluso si tomas el camino más fácil, los antidepresivos, tardarás una media de seis a ocho semanas para comenzar a notar sus efectos. La psicoterapia suele ser un proceso más lento ya que no es fácil substituir las creencias negativas que has ido alimentando a lo largo de los años.

Saber equilibrar tus expectativas es fundamental ya que de esta manera no te desmotivarás ni pensarás en abandonar el tratamiento. Debes ser consciente de que has emprendido un camino que puede ser largo pero, al final, el esfuerzo habrá valido la pena.

4. No evadas tu cuota de responsabilidad

Vivir con depresión no es fácil pero debes evitar compadecerte y caer en la trampa de la culpabilidad. Lo mejor es asumir que has llegado hasta un punto de tu vida que no te agrada y del cual necesitas ayuda para salir. Borra de tu vocabulario la palabra “culpa” y comienza a utilizar la palabra “responsabilidad”. No se trata de un simple cambio lingüístico sino de que tomes las riendas de tu vida.

5. Estimula tus sentidos

La depresión cambia la percepción del mundo, varios estudios han demostrado que la persona deprimida realmente percibe los colores con menos intensidad y pierde un poco el sentido del gusto. Para romper ese círculo vicioso, es importante que estimules tus sentidos.

¿Cómo? Muy sencillo: sal a tomar aire fresco y concéntrate en las sensaciones, disfruta de la música, prueba gustos nuevos, entra en contacto con la naturaleza, prueba una actividad diferente… Se trata de que comprendas a través de tus sentidos que estar vivo vale la pena porque hay mucho de lo cual disfrutar.

Rosa Puerto