Respira la luz

Respira el sonido

Respira el amor

Que esta a tu alrededor

Respira la alegría

Respira el dolor

Respira el sol

Y empieza otra vez

Respira el viento

Respira la lluvia

Respira el sol

Y empieza otra vez

Al lado de mi ordenador en mi consulta tengo una viñeta de dibujos animados en la que hay un pájaro en una rama mirando hacia abajo a un hombre gordinflón con prismáticos y un libro sobre pájaros, al lado hay escrito “no canto porque soy feliz, soy feliz porque canto”.

Soy cantante y psicoterapeuta, y mi trabajo es acerca de lo que el pájaro sabe, una verdad que muchos de nosotros hemos olvidado recordar: la voz afecta la conciencia.

La verdad del pájaro, y la nuestra, es ese sonido y están entrelazados como una raíz y una flor: patrones interdependientes y compenetrándose de energía, siempre fluyendo hacia afuera y hacia dentro de las formas. Todos nosotros, pájaros, seres humanos, arboles y flores somos instrumentos de esta energía, constelaciones de pulsaciones, sonando a través de una amplia red de resonancia interactiva. Somos sonido. Y en un sentido muy real, los sonidos que creamos son lo que somos.

Ya sabéis que en la mayoría de los relatos de la creación del mundo nos cuentan “al principio existió el verbo” Dios hablo, o la gran araña canto y la red empezó a temblar. Nuestro lenguaje y caja de resonancia, la fluidez de las vocales, el clic y el aleteo de las consonantes están creando continuamente campos de energía que definen y sostienen al mundo como lo percibimos en patrones que llamamos realidad.

En el siglo pasado, cuando aun no se conocía mucho Tíbet, Alexandra David Neel conoció a un Lama que describió a la naturaleza de esta manera:

“Todas las cosas….son agregados de átomos que bailan y su movimiento produce sonidos. Cuando el ritmo de la danza cambia, el sonido que produce también cambia…cada átomo perpetuamente canta su canción, y el sonido a cada momento crea formas densas y sutiles”

Tibetan Journey-Alexandra David Neel

En estos momentos estamos redescubriendo lo que los maestros o sanadores ancestrales conocían y practicaban en los mantras y en cantos, y es que la voz humana, centrada con intención es un instrumento de poder profundo y sutil, capaz de recargar y cambiar la cambiante estructura de la danza que nosotros- equivocadamente- llamamos forma solida. El sonido crea un puente entre la materia y el espíritu, y nuestras voces, montadas en la respiración, nos pueden conectar a la corriente de la fuente de la vida.

La voz, no los ojos es el espejo del alma…esta más cerca de la eternidad, habla desde el centro del ser. El sonido es la primera causa, y la voz, el momento por excelencia del sonido.

Mi trabajo es con sonido-habla, sonidos, sonidos cantados, o sonido que no se pueden cantar. Trabajo con el afecto como vibración: la enfermedad como disfunción en los patrones «sónicos». Como psicoterapeuta trabajo con individuos, familias, parejas y grupos en una consulta donde yo practico lo que podría llamarse terapia de resonancia, la cual se centra en sonidos, historias, y la capacidad sanadora de la voz.

También soy maestra además de terapeuta de sonido y en los últimos 16 años he formado a gente con diversos talleres acerca de la creatividad y poder sanador de la voz en Europa y en Latinoamérica.

Lo que he descubierto es que los principios de la terapia de sonido ofrecen metáforas interculturales útiles y herramientas prácticas para personas en todos los aspectos de servicios sociales y de salud: enfermeras, trabajadores de cuidados paliativos, sacerdotes, maestros y trabajadores sociales, así como psicoterapeutas y fisioterapeutas.

Como cantante y compositora, enfoque mi trabajo en crear música que lleve luz a nuestras vidas tanto en la relación con nosotros mismos como con la de los demás y claro con el mundo. Al principio fue mi propia experiencia con el sonido, mi voz, y el poder de entonar espontáneamente en grupo que me hizo explorar más este campo tan fascinante a nivel terapéutico.

La premisa detrás del trabajo de resonancia es que hay una inteligencia innata en cada célula que puede comunicar con cada otro y conoce el patrón adecuado a su función.

La sanación se puede ver como el acto de llamar al cuerpo de nuevo a estas constelaciones de resonancia. Al igual que las sutiles permutaciones de frecuencia que definen la cristalización de un copo de nieve, cada uno de nosotros es diferente. Y el instrumento que calibra elegantemente en el cuerpo para modular estos sutiles

Rosa Puerto

www.rosaleah.com