Todos nos sentimos diferentes…….y lo somos!. Todos sabemos que es lo qué más deseamos hacer con nuestra vida, más que ninguna otra cosa en el mundo. La cuestión es averiguar el cómo hacerlo.

Desde muy temprana edad tomamos conciencia de nuestro Yo, vamos creciendo, nos vamos haciendo, vamos formando nuestra personalidad.

Al principio parece fácil, en la niñez los conflictos se producen con los demás, pocas veces contigo mismo, en la adolescencia, normalmente empiezas a sentir que no te gustas y que, además, tampoco eres del agrado de los otros.
Maduramos y comenzamos a conocernos, al menos eso creemos, nos queremos o no, pero algo está claro, “Nos conocemos mejor que nadie”.
Sabemos quienes somos, algunos nos identificamos con algo pequeñito que imaginamos con nuestra misma forma y que está colocado dentro de nuestra cabeza, en la parte delantera, justo en un punto central detrás de los ojos.
Cuanto más maduros somos, más dudamos de nuestra capacidad para generar acciones, empiezan las peleas con nosotros mismos, nos enfadamos, nos regañamos y, a menudo, nos castigamos.
Nuestro poder personal radica en gran parte en el dialogo que mantenemos con nosotros mismos, nuestras creencias nos impiden ampliar nuestro campo de posibilidades, sentimos que no somos capaces.
Si las cosas van mal, nos perdemos.
Entonces nuestro trabajo es encontrarnos, o mejor, reencontrarnos.
Hay muchas maneras de hacerlo, tantas como personas, y además existe el mundo y la vida que nos van poniendo tareas, trabas y pruebas para ayudarnos. Muchos diríamos ¡vaya ayuda!, pero esa es la realidad.
Rosa Puerto