Hay 5 formas básicas de “vínculos difíciles” que mantienen madres e hijas y en las que cada una de ellas se pierde, simbiotiza o difumina a sí mismas al relacionarse la una con la otra.

1. “Estamos unidas para siempre”. Sus relaciones con los demás sufren porque lo primordial es siempre el nexo materno-filial.

– Mujeres que se sienten orgullosas de su intimidad, y utilizan su codependencia para evitar la edad adulta, la intimidad con los demás y el miedo a perderse la una a la otra.

– Madres e hijas que se llaman con frecuencia, incluso a diario, y se consideran muy conectadas, aunque siempre acaban recriminándose mutuamente.

– Ambas repiten modelos de la adolescencia, el de la madre adulta y la hija niña, pero existen resentimiento por ambas partes, porque en realidad no se comprenden.

– Bajo esta incómoda relación subyace una dependencia encubierta basada en la incapacidad de dejar de representar sus papeles.

2. “Parecemos el perro y el gato”. La hija y la madre parecen estar muy unidas y tenerse mucho afecto, pero han creado una relación atípica en la que pretenden actuar como “adultas” la una con la otra, omitiendo sus diferencias y necesidades.

3. “Nuestra relación es fría y distante”. Madre e hija parecen ser autónomas y adultas, sólo se ven cuando la vida familiar lo requiere.

– Pueden estar muy ocupadas en sus respectivas actividades y trabajos, pueden vivir muy alejadas y tener estilos de vida muy diferentes.

– Una o ambas pueden actuar como si les fuera muy bien así.

– Debajo de todo esto puede haber un rencor que duele desde el pasado, un anhelo por reconectar y un sentimiento de culpabilidad, en la fría distancia interpuesta por una de ellas o ambas.

4. “Somos como amigas”. Aunque en apariencia comparten muchas cosas, ambas encontrarán la manera de salirse con la suya y herir o rechazar a la otra.

– Es una relación en la que no gana ninguna, basada en la dependencia oculta de una hacia la otra o de ambas entre si.

5. “Deja que te ayude, hija”. La madre “ayudadora”, busca permanecer cerca de su hija y expiar sus propias culpas.

– Ofreciéndole cosas que su hija no necesita, pero casi siempre acepta, con lo cual sigue sintiéndose pequeña.

– Si la hija rechaza la ayuda materna, se siente culpable, mientras que el dolor y sentimiento de culpa de la madre al saber que ha herido a su hija la motiva para intentar solucionarlo con métodos que utilizaba cuando era pequeña.
– Madre e hija están unidas por la culpa y el miedo a la independencia.

Si miramos a los vínculos madre/hija……..

Sentimientos que caracterizan, con mayor o menor intensidad, al vínculo más profundo que existe en la vida de toda mujer, la relación con su madre:

– Amor-odio
– aceptación-rechazo
– alejamiento-acercamiento

– La idolatramos de niñas, la aborrecemos en la pubertad, nuestra enemiga en la adolescencia y, si todo marchó más o menos bien, la comprendemos y valoramos de adultas, acercándonos más a ella.

– La relación madre-hija se encuentra casi siempre en los límites; es indefinible e inalienable.

– Es diferente, incluso, entre hermanas.
– Como todo vínculo en crecimiento, es mutante: transforma y se transforma.

– Es necesario darnos la oportunidad de revisarla y, de ser necesario, modificarla o transmutarla en otra cosa.

– Las mujeres construimos en dicha relación nuestro “yo” y nuestra identidad femenina.

– Situaciones que acrecentan los conflictos entre madres e hijas.

a) El abandono.

– El abandono, la ausencia o la indiferencia de la madre en forma permanente, el olvido de sus obligaciones o el descuido impiden que se dé la “simbiosis” natural de la hija con la madre.
– Es decir, el vínculo de intimidad, de confianza básica, de desvanecimiento de los límites personales en las primeras etapas del desarrollo humano.

b) La competencia entre madre e hija.

– Se establece desde la madre una polaridad de buena-mala que prevalece a lo largo de toda la relación, desencadenándose la envidia y los celos entre ambas.

c) La intromisión constante en la vida de la hija.
– Las consecuencias son el infantilismo crónico, la inmadurez.

– Es la madre sobre protectora, solícita hasta el aturdimiento, la que todo resuelve, hasta la mínima dificultad, fóbica a todo lo nuevo (amistades, actividades fuera del entorno más cercano, ideas).

d) Las relaciones de codependencia donde las madres a través de chantajes, manipulaciones, pretendern vivir a expensas de la hija.

– Los vínculos “vampíricos” —donde la madre vive a expensas de la hija— pueden darse porque la madre tiene a la hija de rehén escudada en una enfermedad psíquica o somática real o fantaseada.
– Son madres débiles, dependientes; depositan en la hija deberes o responsabilidades que ellas no asumen (cuidado de otros hijos, de enfermos, de sus padres, etc.).

– La capacidad de la hija se magnifica, pues desde muy temprana edad debe hacer frente a grandes problemas y situaciones.
– Este nivel de exigencia para la hija la priva de vivir su niñez, la convierte en modelo de vida de sacrificio y sobre adaptación, lo que provoca en ella serias afecciones psicosomáticas.

e) La descalificación.

– La descalificación, la crítica constante por exigencias desmedidas en diferentes áreas de desempeño (escolar, comportamiento, inteligencia, aptitudes, belleza, amistades, etc.)
– Provocadas, la mayor parte de las veces, por la insuficiente valoración personal de la madre que se proyecta en la hija, atrofia la autoestima de la hija, haciéndola sentir insegura, poco valiosa.

Mamás e hijas, ¿quién origina los conflictos?

Los conflictos entre mamá e hija se originan en los sentimientos negativos que nunca se expresan.

 ¿Existen las buenas relaciones mamá-hija?

– Cuando la hija ve a la mamá con objetividad, como una persona falible, no perfecta, como alguien que vive un proceso de aprendizaje continuo y hace su mejor esfuerzo en todo lo que realiza, podrá relacionarse mejor con ella.

– Cuando existe una buena relación mamá- hija la comunicación “efectiva y afectiva” es un elemento que siempre está presente.

– La comunicación “efectiva”, implica la expresión de los acuerdos y desacuerdos, así como de lo que se piensa, teniendo la seguridad de que sus ideas van a ser escuchadas y valoradas. Su valor más importante es una comunicación profunda.

Espero os haya servido de ayuda como introducción a este tema tan intenso y profundo que sale en terapia continuamente y en los círculos de mujeres.

Rosa Puerto